Reconozca si sus senos son normales y cuáles son los cambios fisiológicos

Para poder detectar temprano cualquier cambio o anormalidad en las mamas, es fundamental que cada mujer esté familiarizada con el aspecto y las características de sus senos. De ese modo, obtendrá el mayor beneficio del autoexamen mamario, que es un aliado en la prevención del cáncer de mama y no debe generar temor ni angustia realizarlo.

Es importante conocer los cambios fisiológicos de los senos a lo largo de la vida de la mujer, es decir, aquellos esperables según la edad y el momento de la vida reproductiva: pubertad, etapa con capacidad para procrear, embarazo y lactancia, y menopausia. Tales cambios son determinados por factores biológicos e indica que los senos son normales.

seno
Las mamas se componen de tejido glandular y tejido graso, cuya proporción varía en diferentes momentos de la vida. El tejido glandular mamario se compone de los lobulillos y los conductos galactóforos, los cuales son responsables de la producción y la secreción de leche materna. Este tejido glandular está sujeto a la acción de las llamadas hormonas sexuales, fundamentalmente los estrógenos, pero también se producen modificaciones trascendentes en la etapa del embarazo y la lactancia bajo el efecto de la prolactina y otras hormonas.
De manera resumida, los cambios fisiológicos presentes en la vida de todas las mujeres, son los siguientes:

  • Pubertad: por efecto de los estrógenos que comienzan a producir los ovarios, los senos aumentan de tamaño al desarrollarse las glándulas y los conductos mamarios, al mismo tiempo que aumenta la cantidad de tejido graso. La velocidad de desarrollo de las mamas es diferente para cada adolescente. Durante esta etapa, se producen modificaciones importantes en la forma de los senos, el pezón y la aréola, con una secuencia o patrones que están bien establecidos.
  • Etapa con capacidad para procrear: cada mes, la mujer presenta fluctuaciones cíclicas en los niveles de hormonas sexuales, que con frecuencia generan ciertos síntomas y cambios en los senos. Durante la primera mitad del ciclo menstrual, los estrógenos producidos por los ovarios, estimulan el crecimiento de los conductos galactóforos. En la mitad del ciclo se produce la ovulación, y la progesterona es la hormona que predomina en la segunda parte del ciclo menstrual. La progesterona estimula la formación de las glándulas mamarias. Estas hormonas se consideran responsables de las variaciones cíclicas que muchas mujeres presentan justo antes de la menstruación y que pueden incluir: dolor, molestia e hinchazón de las mamas.
    Durante la menstruación, es posible que al palpar los senos se sienta una textura irregular; ello se debe al aumento de tamaño de las glándulas mamarias, que luego retornan al tamaño habitual, y comienza el siguiente ciclo menstrual.
  • Embarazo y lactancia: los cambios mamarios son uno de los signos más temprano del embarazo y se deben especialmente a los efectos de la hormona progesterona. Las mamas aumentan de tamaño como consecuencia del crecimiento del sistema de conductos galactóforos y el desarrollo de mayor cantidad de lóbulos glandulares. Se considera que las mamas son capaces de producir leche materna hacia el quinto mes de gestación. La producción de leche materna en la lactancia está sujeta a la acción de muchas otras hormonas, incluida la prolactina, la hormona luteinizante y otras.
    En esta etapa, ocurren también cambios en el aspecto y color de la aréola y el pezón, que se oscurecen, y los vasos sanguíneos se tornan más visibles.
  • Menopausia: a partir de los 40 a 50 años de edad, los niveles hormonales comienzan a modificarse, con franca disminución de los estrógenos. Los tejidos mamarios pierden elasticidad, el tejido glandular se reduce de tamaño y pierde su forma. Es posible que las mamas presenten más tejido graso que glandular.

Durante la vida adulta, es importante que cada mujer conozca sus senos: aspecto, tamaño, forma, color de la aréola y del pezón, orientación, etc. Se considera normal que:

  • Exista una diferencia de tamaño o de altura entre un seno y otro (que se debe mantener en el tiempo y no ser repentino).
  • Uno o ambos pezones estén invertidos (hacia adentro en lugar de hacia afuera), desde la adolescencia. En ocasiones, esto puede revertirse solo.
  • Se observen vellos alrededor de la aréola.
  • Aparezcan estrías, luego de la lactancia o de cambios importantes de peso corporal.
  • Se observen pequeños bultos (como granitos) en las aréolas, que corresponden a glándulas sebáceas normales.
  • Se palpen bultos pequeños, a veces levemente dolorosos, posiblemente en toda la mama y en ambos senos. Generalmente son quistes benignos.
  • Se produzca secreción por el pezón, de aspecto lechoso, en especial al comprimirlo. Es normal dentro de los dos años siguientes a la lactancia y también puede ocurrir durante la menopausia, debido a los cambios hormonales.

¿Cuándo deben alertar los cambios al examinar las mamas?

  • Cuando se palpa un nuevo bulto o se detecta un cambio en uno preexistente, que se siente distinto del resto (por ejemplo, más duro).
  • Cuando se observan secreciones por el pezón sin comprimirlo, en una sola mama, o si la secreción es rojiza, grisácea o clara (no posee aspecto de leche materna).
  • Cuando hay cambios localizados en la piel o retracción de uno de los senos, la aréola o el pezón.

Ante cualquiera de estos hallazgos, es aconsejable que consulte a un médico. Además del autoexamen mamario, se recomienda realizar una mamografía por año, a partir de los 40 años de edad, para optimizar la detección temprana del cáncer de mama. Los recientes avances tecnológicos aplicados al diagnóstico precoz, como la tomosíntesis digital mamaria 3D, posibilitan actualmente detectar anormalidades desde las etapas más incipientes.

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